Chispas | ¨SI LA GENTE SUPIERA LO QUE ES ESTO NO SE METIERA¨: JOSE RAMON PERALTA - Chispas

La política es el título que dio Aristóteles a una obra que publicó en el siglo IV A.C. donde planteaba la mejor forma de administrar la ciudad (polis), es decir en su origen esto que llamamos hoy día ciencias políticas es un derivado de la filosofía política y gira alrededor del comportamiento de los políticos en la sociedad.

Al final se trata de la administración de algo que se denomina ¨poder¨ que en su sentido mas amplio describe un orden jerárquico donde, el que es su receptor posee la capacidad de mantener un orden establecido por unas reglas donde, en el caso de formas de gobierno democráticas, se sustentan en leyes que se aplican a todos los ciudadanos.

En palabras que llevan esta actividad a lo mas sublime, Juan Pablo Duarte, el creador de nuestra nacionalidad decía: ¨La política no es una especulación, es la ciencia mas pura y mas digna, después de la filosofía, de ocupar las inteligencias mas nobles¨.

Si esta fue la expresión escrita de quien se considera el Padre de la Patria dominicana, hay que repensar las palabras del Ministro Administrativo de la Presidencia, José Ramón Peralta, en una entrevista publicada por el Listín Diario, donde afirma sobre la política que: ¨Si la gente supiera lo que es esto no se metiera¨.

Son varios los tipos de personas que se agregan a la actividad política, durante muchos años se le ha dejado el espacio político a una parte de la sociedad que hizo uso de los recursos que da el poder, cual si fuera un ascensor, para subir a lo mas alto en un país donde las relaciones primarias son fundamentales.

La expresión usada por Peralta es la contraria, es lo que visualiza una persona que por sus capacidades personales y trabajo de años en el sector privado, subió la cuesta que lleva hasta el éxito personal y familiar y asume el sacrificio de participar en la actividad política desde una posición privilegiada.

En este caso usamos la palabra sacrificio en su sentido mas amplio, ya que si la suma de los haberes fuera la medida de la satisfacción de los seres humanos, el disfrute de ellos es sacrificado aunque se posean en demasía, al asumir el servicio público como uno de los objetivos de la vida de una persona.

La República Dominicana esta plagada de personas que se llaman a si mismos ¨políticos, dirigentes políticos¨ y hasta podríamos identificar algunos ¨franquiciarios políticos¨, es decir, quienes asumen la administración de una franquicia política, llámese partido, cual si fuera un negocio particular privado, eso si, financiado con dinero público.

Existe un tipo de político típico que se ¨enganchó¨ a eso porque es un fracaso en su vida personal y profesional, al final sabía que no llegaría a ningún lado tratando de competir fundamentado en sus estudios y conocimientos.
Ante la falta de capacidad, ¿qué mejor que bautizarse como político, agregarse a algún proyecto de un particular y tratar de subir a lo mas alto aunque sea aplastando las cabezas de quien se considere tener mas dignidad?.

También esta el que se suma tratando de trascender y asumir una función pública a través de la cual conseguir prestigio y fama, ser conocido, ver su nombre en los periódicos, ser llamado a ser entrevistado en la radio o la televisión, en fin, ese placer circunstancial por el brillo y las luces.

Estos son los que hacen una fiesta el día de su nombramiento en un cargo electivo, generalmente diputado o alcalde, o su candidato llega al poder y le otorga un decreto donde su nombre esta impreso en letras que le parecen de oro, nunca mejor dicha esta expresión.

Pero que pasa con el que se agrega a cualquier partido político con la intención de servir a sus conciudadanos, lleno de sueños por servir a su país, esté o no en una función pública, cuando al mismo tiempo ha dedicado su vida, no a la actividad política al cien por ciento, sino combinándola con la practica privada ya sea de una profesión, el comercio o una empresa.

Creo que muchos apoyaríamos lo que dice José Ramón, ¨si la gente supiera lo que es esto no se metiera¨.

Es que son tantas las desilusiones repetidas, las acusaciones lastimeramente tendenciosas, los señalamientos envidiosos, las angustias familiares, los sacrificios personales, el tiempo y el esfuerzo empleados para beneficio de los demás, que si miras hacia atrás muchas veces te podrías preguntar: ¿para qué me metí en esto?.

A todo el rosario de problemas que deja la actividad política, ahora hay que sumarle la ¨madre de todas las radios bembas¨, la mas grande fabrica de rumores y mentiras de que haya tenido noticia la humanidad, ese foco de dispersión de agresiones personales llamado eufemísticamente ¨redes sociales¨.

El espacio para la idiotez y la discusión infinita de la vida personal y familiar de cada quien, tal cual lo narrara Umberto Eco en su libro póstumo titulado ¨De la Estupidez a la Locura¨, donde según el genial autor y semiólogo italiano, todo el mundo es igual, un semi-analfabeto se siente en capacidad de discutir a un Premio Nobel acerca de la materia de su especialidad.

Solo que ser político es una vocación, que es el interés o tendencia que tiene una persona para dedicarse a una tarea o un determinado trabajo, en este caso es imprescindible asumir que la responsabilidad de asumir el servicio público es una inclinación ineludible que sienten algunas personas aunque hayan asumido vías alternativas para su desarrollo personal.

Por esto la queja podría repetirse mil veces dentro del que se dedicó a la política como actividad primaria o secundaria en su vida, ¨¿para qué me metí en esto?¨, solo que el llamado, muy similar al que sienten los que en un momento de su vida toman en camino a la vocación religiosa, muchas veces es tan fuerte que es imposible sustraerse a la necesidad de participar en la solución de los problemas comunes que afectan a los ciudadanos.

En 1919 Max Weber escribió un ensayo que tituló ¨Vocación Política¨, donde describe lo que debe poseer una persona que se dedica a la actividad política, en este libro, el genial autor alemán, plantea que la vocación podría ser solo pasión y que los políticos deben tener un equilibrio donde también se encuentre la razón.

Entre las cualidades que debe tener un político, escribe Weber: ¨lo primero es sentido del deber, en toda su actuación y si ha de ser fiel a su verdadera vocación, tiene que tener no solo pasión y sentido de la responsabilidad sino también mesura, que es la cualidad que le puede dar, sentido común¨.

Estas son algunas de las razones por las cuales aunque ¨si la gente supiera no se metiera¨, como dijo José Ramón Peralta, los que son llamados a la vocación de ser políticos, cual es su caso, a pesar de las amarguras y frustraciones, seguirán el sacrificio del servicio público y la administración sana de lo que es de todos, al final la satisfacción del deber cumplido es el premio que espera al que asume esta responsabilidad como parte de su vida.

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