Chispas | ¿CUANDO NO SE TIENE LA RAZÓN LA SALIDA ES EL ¨TIGUERAJE¨ SEÑOR FAÑA? - Chispas

Enrique Santos Discepolo escribió en el año 1935 un tango que se ha convertido a través de los años en un clásico porque resultó profético, ¨Cambalache¨, que así lo tituló, describe en sus letras un mundo en que todo se ha puesto al revés y los perversos se esconden detrás de sus maldades para confundir el papel de cada quien convirtiendo todo en una ¨porquería¨.

Lo que describe el autor es la mezcla que se da en un escenario donde no se sabe quien es bueno o malo, quien tiene o no buenas intenciones, quien dice la verdad o esta mintiendo, es decir, ¨vivimos revolcaos en un merengue y en un mismo lodo todos manoseaos¨ y para rematar ¨es lo mismo el que labura (trabaja) noche y día como un buey, que el que vive de los otros, que el que roba, que el que mata o esta fuera de ley¨.

En el día de ayer, cuando vimos las turbas vociferantes que llevó el insigne dirigente del Partido Revolucionario Moderno Leonardo Faña para que le sirvieran de compañía al Palacio de Justicia de Ciudad Nueva, nos pasamos el resto del día tarareando las letras de ¨Cambalache¨, porque esto fue un intento burdo de desviar la atención del tema principal de su presencia en ese lugar, que es responder a las acusaciones depositadas en su contra.

Hasta donde llegan nuestros escasos conocimientos en temas legales, cuando usted acude ante un tribunal de justicia, siempre según nuestro ordenamiento jurídico, quien lo acompaña debe ser uno o varios abogados, quienes serán sus consejeros y hablarán por usted delante de un juez, que es la figura que debe dar un veredicto siempre de acuerdo a lo que dicta la ley y de acuerdo con su conciencia.

Solo una persona en estado de pánico o con la indolencia que caracteriza a los delincuentes consuetudinarios, se le puede ocurrir hacerse acompañar de una turba, al mas fiel estilo de los que quieren imponer su verdad por la fuerza, para que griten toda clase de improperios, insultos y barbaridades, en el edificio donde se supone se debe guardar un absoluto respeto por la majestad de lo que llamamos justicia.

Leonardo Faña desnudó en el día de ayer toda la dosis de ¨tigueraje¨ que debe haber acumulado durante sus años como político, a esto es que se dedica aparentemente, y usó un grupito de ¨lumpenes¨, de su mismo nivel, como sus abogados de pasillo, porque todo lo que se llenó la boca de decir en programas de radio y televisión, ahora tendrá que demostrarlo en los tribunales.

Claro, gracias debería darle a quien lo acusó en dos juicios diferentes, uno por difamación y otro por injuria, de brindarle la oportunidad de disfrutar de sus 15 minutos de fama, ya que hasta este momento ha sido un descarte profesional y empresarial, solo que a la hora de la verdad está demostrando la pasta perversa de que esta construido.

Porque si usted resulta, como lo puede ser cualquiera, acusado o demandado por otra persona o por el estado mismo a través del ministerio publico, lo racional es que constituya una defensa por medio de uno o varios abogados, que como su nombre lo dice ¨abogarán¨ o lo defenderán en un juicio público, oral y contradictorio, tal como lo indican la Constitución y las leyes.

Y en la fecha que le sea notificada, una persona normal, acudiría al llamado de la justicia y respondería, siempre a través de sus abogados, a las acusaciones que se hacen, dejando que la justicia actúe, en este caso, Faña y sus abogados están en el deber de demostrar, que cuando dijo todas las tonterías que repitió varias veces en los medios de comunicación sus palabras se sostienen sobre documentos y no sobre simple palabrería.

Pero al que al ¨tiguere de barrio¨, que parece ser el caso de Faña, le sale ese ¨tigueraje¨ hasta por los poros, y en vez de hacer uso de la decencia y la prudencia para tratar el caso de que se le acusa en la justicia, lo que hace es llenar de ¨tigueres¨ de su misma calaña los pasillos del Palacio de Justicia, como si ese fuera el ambiente que lo protegerá y le dará la razón.

Y ese es uno de los grandes problemas de la política dominicana, que como en ¨Cambalache¨, la gente decente, trabajadora, emprendedora y de familia; los que ¨laburan noche y día como bueyes¨ tienen que soportar las calumnias de los que ¨viven de otros, los que roban, los que matan y están fuera de la ley¨.

Por esto es cada vez mas difícil usted ver a una persona decente, excepto los que tienen una larga historia dedicados a esa actividad, que se sienta atraído al servicio público, que al final eso es lo que significa ser político, la capacidad que tenga una persona para poner su gota de sudor y sacrificio para servir a los demás, ya que un profesional o empresario exitoso no querría verse mezclado en ese mundo de ¨tigueres y lumpenes¨ cuya fisonomía estuvo presente ayer en el Palacio de Justicia de Ciudad Nueva.

Para nada nos parece extraño que esto haya ocurrido, porque cuando no se tiene la decencia, la entereza y la hombría (perdón por la expresión sexista) de reconocer que se equivocó, que acusó sin tener razón a una familia trabajadora y emprendedora de actos que nunca han cometido y estos constituye un delito de acuerdo a nuestras leyes, entonces se trata de imponer por la fuerza de las turbas vociferantes una verdad inexistente.

Esta conducta es típica del caos y el desorden que representan personas como Faña, que cuando no ¨ganan arrebatan¨, mas bien intentan arrebatar con métodos al margen de la ley, utilizando acusaciones temerarias como método de lucha política, porque para personas así la decencia no es parte de su conducta diaria, se sienten mas cómodos en ¨revolcaos en un merengue y en el mismo lodo todos manoseaos¨.

Solo que en esta caso Faña tendrá que declararse ¨fañoso¨ delante de los jueces, porque las acusaciones de que es objeto lo dirigen irremediablemente a una condena por ¨lengua suelta y jablador´ sin importar las turbas de ¨tigueres y vagos¨ con que pueda invadir el Palacio de Justicia. Porque ¿quiénes sino son personas de esas características se van a una actividad un día de trabajo a las 9 de la mañana un día de trabajo? pues los que no tienen nada que hacer con su tiempo que no sea alquilarlo al mejor postor para vocear el guión que les han escrito.

Es la sociedad dominicana que tiene que verse en el espejo de lo que ocurre con este juicio, o escogemos el mundo de pesadillas que describió Discepolo hace 82 años ¨Todo es igual, nada es mejor. Lo mismo un burro que un gran profesor. No hay aplazaos, ni escalafón, los inmorales nos han igualao¨, donde la gente como Faña usa la política como ascensor social y medio de trascendencia al ser un fracaso profesional y personal.

O por el contrario luchamos contra esto y no les dejamos pasar una sola a los grupos que intentan llevarnos a todos sobre los hombros de su mediocridad y demostrar que hay muchos a quienes ¨si les importa si nacieron honrados¨ y tienen derecho a reclamar reparaciones cuando algunos se van de la lengua, porque en definitiva somos muchos los que no creemos las palabras del ¨Camabalache¨, no todos somos iguales.

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