Chispas | DISPAROS, VÍVERES Y SANCOCHO: ESO ES PARTE DEL FOLKLORE - Chispas

La llamada Convención Nacional del Partido Revolucionario Dominicano, celebrada en el día de ayer en gran parte del país, retrata de cuerpo entero los males de una sociedad en que los niveles de violencia se justifican y la impunidad campea por sus fueros.
Porque escuchar las declaraciones a la prensa, de parte de un honorable diputado de la República, el señor Rafael Vazquez (Fiquito), cuando dice que: ¨esos tiros son parte del folclore igual que los víveres y el sancocho¨, es una expresión tan barbara que merece una reflexión.
El folclore, también se escribe folklore en su idioma original, se define ¨como el conjunto de costumbres, supersticiones, bailes, artesanías, que son tradicionales en un pueblo¨.
De acuerdo entonces a esta definición, lo tradicional y aceptable, es que en las convenciones del PRD, siempre se arme un ¨rebú¨ y que terminen a tiros como si de una guerra se tratara, y no de un consulta cívica partidista.
Nos imaginamos que el honorable diputado Vazquez sabe de lo que está hablando, ya que fue señalado como el que encabezó la turba armada que asaltó el conteo de votos de la famosa convención que dividió al PRD en 1985, hecho que se denominó ¨el concordaso¨, donde se produjeron varios heridos.
Lo que ocurre es que de esos hechos, casi olvidados, han pasado treinta años, los protagonistas, Jorge Blanco, Jacobo Majluta y Peña Gómez, murieron, y folcloricamente el PRD no ha superado el método de la violencia para realizar una consulta interna, pues se impone el que grite mas alto, este mejor armado, sea mas ¨guapo¨ o haga una buena trampa.
Lo que pasó ayer en el local nacional del PRD, ubicado en el polígono central de ciudad capital, rodeado de las fuerzas especiales de la policía, es una muestra mas de la existencia de dos países en un mismo territorio: uno que apuesta a la modernidad, el desarrollo, el avance en todos los ordenes y el otro que vive en la barbarie, el ¨tigueraje¨ y la imposición de lo que llaman sus ¨razones¨ por la fuerza de las armas.
De estos hechos, que pudieron provocar varios muertos, también son culpables las autoridades del gobierno y la policía; porque no nos podemos preciar de ser un país civilizado, cuando ante el disparo a mansalva de armas de fuego contra un grupo de civiles, se haya dejado actuar a esos delincuentes sin que sepamos haya un solo detenido ni haya habido una intervención firme de los que están llamados a proteger vidas y propiedades.
¿Estos auto-denominados ¨políticos¨, que no son mas que delincuentes armados, tienen el privilegio de disparar frente a la llamada autoridad, herir o matar, sin que nadie actúe en defensa de la ciudadanía?
¿Qué hacían las tropas policiales en los alrededores del local de ese partido? creíamos que estaban para proteger el orden publico y hacer cumplir las leyes.
En cualquier país del mundo donde exista respeto a la autoridad, se hubiera actuado duramente en contra de las personas armadas que dispararon en ese local en el día de ayer, aquí no pasó absolutamente nada.
Ademas de la capital, hoy podemos contar una persona con la mano cercenada por herida de machete en Montecristi, heridos de bala en Barahona, mas heridos en Santiago, La Vega, Villa González, robos de urnas, armas por todos lados; es decir el folclore a que nos tiene acostumbrados el PRD, en palabras de uno de sus diputados.
A pesar de estos desórdenes, que pusieron en peligro la vida de los concurrentes a la convención, a los transeúntes y hasta a los vecinos de muchos de los locales en que se celebraron las votaciones, no conocemos un solo detenido reportado por la policía, lo que cumple el hecho folclórico de que ¨los muertos de campaña no se cuentan, ni se hace justicia por ellos¨.
De todo esto lo que nos queda es el sabor amargo de un país que se va dejando conducir a una espiral de violencia en que se admite y practica una falta de autoridad inaceptable.
Y lo vamos a advertir aquí, preparémonos para los que nos viene en una campaña electoral con las candidaturas del PRD y PRM, cuando se encuentren dos de las famosas caravanas que también son parte del folclore de nuestra actividad política, que Dios nos agarre confesados.

Humberto Salazar

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