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Hospital Robert Reid Cabral

En la noche de ayer, la comisión que nombró el Presidente Danilo Medina para investigar la muerte de once niños en el Hospital Robert Reid Cabral durante el fin de semana, rindió su informe, que por lo que vimos se limitó al análisis de los casos desde el punto de vista de tratamiento y asistencia médica.

Según lo dicho por la prensa, se encontró negligencia en la asistencia del personal de salud de este centro hospitalario, en cuatro de los once casos, y se especifica que se trató de infecciones nosocomiales, es decir, que esos niños se infectaron dentro del hospital y que no se encontró la firma de los médicos de base en los récords de los pacientes, los que aparentemente fueron atendidos por los médicos residentes o médicos en formación.

Si nueve de los once niños, como dice el informe, fueron transferidos de hospitales y clínicas de la capital y el interior del país, entonces nos imaginamos que presentaban una enfermedad de base que requería, como mismo dicen los comisionados, categorizarlos con el grado 5 de gravedad, que es el mas alto en la escala que se usa en las unidades de cuidados intensivos.

Es decir, para nosotros, médicos de profesión con largos años de ejercicio, este informe resulta del análisis frío de los récords hospitalarios, mientras se podría estar dejando de lado la difícil situación por la que atraviesa el hospital de niños mas grande del país, que se agrava cada día por la crisis económica crónica por la que está atravesando.

Se estaría en el típico caso en que el árbol cercano y frondoso oculta la vista del bosque enorme del que es parte.

Esto lo decimos porque el problema del Robert Reid Cabral, en particular, es parte de una crisis sistémica de todo el sector salud, el cual languidece por la falta de recursos en los hospitales del viejo modelo, mejor llamados centros de salud con presupuesto histórico.

Para muestra bastan varios botones, este hospital recibe una subvención de 7 millones de pesos mensuales, es decir, de los cuáles 3 millones son descontados para cubrir una parte de los medicamentos que son provistos por PROMESE, es decir, una suma de 84 millones al año para atender mas de 300 camas de internamiento y todas sus áreas añadidas, con el agravante de que la ejecución de este presupuesto nunca alcanza los doce meses del año.

Pero además, el Robert Reid esta impedido de cobrar cuotas de recuperación por donde tenía cierto respiro económico para saldar necesidades de urgencia, ni tampoco puede facturar a los pacientes que son afiliados a las ARS.

En el presupuesto del próximo año en cambio se le asignan 317 millones al Hospital Plaza de la Salud, 216 millones a Cecanot, 528 millones al Hospital Marcelino Vélez y 282 millones al Hospital Ney Arias, entre otros centros de salud de los llamadas auto-gestionados.

Y estos cobran a los pacientes que no tienen seguro médico, y si no tienen dinero para pagar adivinen ustedes a donde mandan a los niños graves: al Hospital Robert Reid Cabral.

Pero además cobran a los pacientes asegurados a través de las ARS públicas y privadas, así como también los médicos pueden llevar sus pacientes privados o asegurados para usar sus instalaciones cobrando los honorarios que corresponden a sus servicios profesionales.

Entonces estamos frente a dos modelos diferentes donde existe un evidente privilegio para los hospitales que no están sometidos a la camisa de fuerza de la dependencia económica de los llamados presupuestos históricos.

¿Por qué insistimos en este tema? pues porque el problema principal del Robert Reid Cabral es económico, y es posible que este mismo fin de semana mueran otros 8 o 10 niños dentro de las paredes de ese centro de salud por las mismas causas que provocaron la muerte de los 11 que ya fueron investigados.

Humberto Salazar

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