Chispas | ESOS CELOS QUE MATAN - Chispas

Los celos entre parejas son sentimientos de posesión y apego, donde uno de sus componentes manifiesta preocupación sobre la posibilidad de perder a quien dice amar, y reacciona negativamente ante cualquier grado de intimidad o acercamiento de otra persona a quien cree es de su exclusiva propiedad.
Poseer a la persona que se quiere es un sentimiento que se desarrolla en el ser humano desde que nace, primero con las figuras que nos rodean: madre, padre, hermanos, quienes, al cumplir con su papel de ser figuras de apego, dando cercanía, caricias, compañía, producirán un adulto con mayor madurez emocional y menos sentido de posesión y por lo tanto menos celoso.
También ocurre lo contrario, actitudes de desapego de parte de esas figuras durante la infancia, producirán adultos celosos e inseguros en las relaciones interpersonales.
Los celos son parte de la vida de pareja, y aunque son negados, todos y cada uno de nosotros los ha sentido alguna vez.
Ahora mal manejados, estos sentimientos pueden convertirse en patológicos, en una anormalidad de conducta que nos puede llevar a un circulo vicioso donde se mezclan inseguridades, depresión, hostilidad, agresividad y muchas veces violencia que lleva a desgracias personales y familiares.
De cada situación que se nos presenta, deberíamos adquirir un aprendizaje que sirva para nuestras propias vidas, aunque sea de una desgracia como la que afecta a las familias de Natasha Sing Germán y Suleika Guzmán Flores.
Es que en el relato que ha dado la Policía Nacional, y las pruebas que acusan a los presuntos autores intelectuales y materiales de estos hechos, subyace una mezcla de celos patológicos y sociopatías que deberían llamarnos a la reflexión.
La pérdida de la autoestima y el sentido de posesión de la presunta autora intelectual de los asesinatos, la llevó a desarrollar una violencia interna que le impidió generar un sentimiento de culpa, aun cuando los contratados para matar a Suleika se equivocaron de víctima y asesinaron a Natasha.
Habría que pensar, y tomar como lección para nosotros mismos, como es posible que se  desarrolle una conducta de pareja tan anormal, que lleve a una persona a pagar para matar dos veces, solo para evitar que quien considera es su pertenencia, en este caso su esposo, pueda establecer y consolidar relaciones afectivas con otra persona.
Y no solamente eso, según la Policía, ademas del dinero entregado en varias partidas, porque también hubo que pagar dos veces, la esposa celosa entregó el arma con que se cometió el primer homicidio, que es propiedad de su esposo.
Es decir, pago para que maten a la mujer que es el centro de mi rabia y mis sentimientos violentos, y hago que muera con el revolver de su amante, que es mi marido.
El retorcimiento sicológico que envuelve una acción como esta, es demostrativo de los extremos a que llegan estos conflictos entre parejas, que son tan comunes en nuestra sociedad.
Todo esto se construye sobre la base de ideas de posesión exclusiva y sufrimiento personal: mi pareja es mía, de mi propiedad, si intenta dejarme me provocará un gran dolor y por lo tanto merece que lo castigue y le haga el mayor daño posible, a el y a quien sea el nuevo objeto de su amor. 
Además, como es mío o mía,  no tiene ningún derecho a causarme sufrimiento, soy yo quien debe decidir sobre el o ella, y si alguien se interpone en mi camino merece la mayor de las pérdidas, que es su vida.
Llegar a estos extremos es parte de la construcción de una rigidez de pensamiento y sentimientos que pueden llevar a extremos como lo ocurrido en este lamentable caso.
Un sentimiento sano, sería asumir que nadie esta obligado a estar con otra persona si no quiere, y que existe la libertad mutua de escoger el camino de vida que cada quien considere es el mejor para su vida.
El fin de una relación siempre es doloroso, pero con ello no se termina el mundo; puede ser algo terrible, mas se supera y permite abrir nuevos espacios donde se desarrollen sentimientos afectivos con otras personas.
El valor individual de cada persona, no depende de la permanencia o no de quien escogió como compañero o compañera de vida, eso sería vivir en angustia permanente por el peligro o posibilidad de que pueda ser abandonado.
Y pasar los años de esta corta vida en medio de ese sufrimiento  es un infierno que desencadena hechos como los que lamentablemente destruyeron las vidas jóvenes  de Natasha y Suleika.


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