Chispas | FÓRMULA MATEMÁTICA PARA EL CAOS - Chispas

Lo que está ocurriendo en nuestro país con el tema de la seguridad publica es el reflejo de la profunda crisis social que nos afecta, que podría resumirse en una ecuación algebraica donde existen varios factores.
No hay dudas que hemos creado una sociedad donde lo normal es violar las normas de convivencia y violar las leyes; esto lo vemos cada día con el caos vehicular, la rebeldía ante el buen comportamiento y el orden, la corrupción de los mas encumbrados y la admiración que muchos hechos delictivos provocan en los mas pobres.
Al primer factor de la ecuación le llamamos anómia social, que no es mas que la tendencia natural a violar las leyes.
A esto le agregaremos la debilidad estructural y funcional de nuestro Estado.
Hemos creado un Estado que todavía es débil en sus resultados sociales, donde las instituciones funcionan de acuerdo a las decisiones personales, no necesariamente a reglas conocidas y aprobadas por todos.
Y esta debilidad estatal, incluye a todos los poderes públicos, no solo al ejecutivo, también a la justicia y a los legisladores.
La suma de una ciudadanía acostumbrada a violar las reglas, mas la existencia de un estado débil, tendrá como resultado la proliferación de los delitos ya que se pierde el miedo de ser castigado por la transgresión a las leyes.
Mientras mas altas sean las probabilidades de castigo por cometer un delito, menos tendencia se tendrá a delinquir.
Y si las penas se endurecen y se aplican de modo firme, serán mucho mas altos los niveles de cumplimiento de las leyes.
 
UN CASO CONCRETO

Habría que ver que pasa por la cabeza de dos individuos que salen a la calle un lunes a las 8 y 45 de la mañana con el único propósito de atracar a la primera persona indefensa con que se encuentren.
Subirse en una motocicleta, esperar tranquilamente a que se acerque un vehículo conducido por alguien con cara de víctima, acercarse al cristal y pedirle que entregue todo lo que tenga de valor.
Ante la negativa o intento de huída de la persona, disparar con toda tranquilidad a su víctima en el pecho, para causarle la muerte de forma casi instantánea.
Después de cometido un hecho de esta naturaleza, huir del lugar y probablemente buscar una nueva víctima, porque de lo que se trata es de atracar y matar.

ES EL PAN NUESTRO DE CADA DÍA

Lo narrado aconteció el dia de ayer en un barrio de la provincia de Santo Domingo, pero es noticia diaria.
La señora Natacha Teresa Sing, de 30 años de edad, se dirigía a su trabajo en el Hospital Infantll Hugo Mendoza, y tuvo la mala suerte de servir de víctima a dos bípedos sin alma.
Al negarse a ser atracada a plena luz del día y en un barrio popular de Santo Domingo Este, recibió dos balazos, que le causaron la muerte.
El hecho ha tenido trascendencia y es motivo de primeras planas en los periódicos porque la occisa era sobrina del actual presidente del Colegio Médico Dominicano, Doctor Pedro Sing, si no fuera por esto, es probable que solo ocupara dos líneas en la páginas interiores de la prensa nacional.
Nuestra sociedad se ha ido insensibilizando ante hechos de esta naturaleza, que ya forman parte de la cotidianidad de nuestras vidas y nada nos sorprende.
EL TEMOR DE UN SOLO LADO

Cuando en una comunidad el miedo lo tienen sus habitantes y no los delincuentes, es que ha llegado el momento de revisar lo que ocurre con el cumplimiento de la ley.
En la República Dominicana de hoy, el temor a andar en las calles está concentrado en los ciudadanos que cada día salen a buscar el pan con el sudor de su frente.
El miedo se ha decantado hacia los honrados, mientras la delincuencia campea por sus fueros sin temor ninguno, ni a las autoridades policiales y militares, y mucho menos a los jueces y las cárceles.
De tener el derecho al libre transito dentro de nuestro país, los niveles de inseguridad nos están llevando a estar rodeados de rejas, como los presos, dentro de nuestras casas y a jugarnos la vida en una lotería cada vez que salimos a la calle.
Este grave problema que acosa a nuestro país no creemos que pueda ser enfrentado ni por la mano blanda de los civilistas garantistas, ni por la mano dura de los represores; lo que se necesita es la mano justa del cumplimiento de la ley.

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