Chispas | HAITI: EXTREMISMOS CONTRA INTELIGENCIA - Chispas

Manejando medio perdido por la ciudad de Miami de pronto entramos en un paisaje muy diferente a los hermosos edificios que bordean la costa de la ciudad, las luces de neón que alumbran las fiestas de Miami Beach y el lujo de algunos de los centros comerciales mas famosos de los Estados Unidos.

El panorama cambia a la existencia de las humildes viviendas de lata que están cerca de nuestros ríos, la precariedad y la pobreza se siente en el ambiente, espacios llenos de suciedad y personas que sin dudas forman parte de los mas de 50 millones de pobres que habitan en la primera economía del mundo, estamos en el ¨Little Haiti¨, una de las zonas mas peligrosas de la ciudad.

Haití, que fue la primera y es la única república negra del continente americano, se independizó en 1804 realizando una guerra triple: la racial, la anti-esclavista y la de independencia, que marcó desde ese momento la desgracia de sus habitantes condenados a vivir por la fuerza en una tierra lejana de lo que eran las costumbres heredadas de sus antepasados africanos.

La República Dominicana en cambio, posee una relación cultural e histórica con los mas de 600 millones de hispano hablantes en todo el mundo, una religión que comparte con mas de 1300 millones de fieles y una mezcla racial que la convierten en un país donde el mulato es la regla y no existe el negro puro.

Todo este preambulo es para contextualizar la situación de una isla en medio del Mar de los Caribes, con dos países de población similar en número, una de las mas altas tasas de población por kilómetro cuadrado del continente, una situación política tan disímil como los colores blanco y negro, con el problema de que de una isla rodeada de agua nadie puede escapar.

Entonces si estamos obligados a tratar como vecinos únicos el tema haitiano, es decir no podemos echarlos al mar invadiéndolos con nuestro ejercito como antiguos conquistadores, lo mejor seria que comenzaremos a quitarle gran parte de la pasión y la emoción a un tema con el que tendrán que lidiar todas las generaciones de dominicanos.

En cuanto al tema de la nacionalidad, esta mas que claro después de la sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional, que los hijos de inmigrantes ilegales no son dominicanos porque no se aplica en la República Dominicana el ¨derecho de suelo¨, este, que es un tema esencial para mantenernos como nación ha quedado claro y hemos resistido todas las presiones que se hicieron para que absorbiéramos a los que no son apátridas porque son haitianos aunque hayan nacido en nuestro territorio.

La ley de Regularización de extranjeros y su reglamento e implementación, fue una salida inteligente a un callejón donde nos ubicaron los que desean ardientemente que carguemos solos con el problema haitiano, porque obliga al gobierno de Haití a proveer de documentos a sus nacionales en nuestro territorio y con ello acepta que tienen una nacionalidad y por lo tanto que la acusación de que promovemos la apatridia era una falacia y una calumnia.

Es cierto que nuestro sistema sanitario recibe el impacto de miles de pacientes que cruzan la frontera en busca de los servicios de salud que les son negados en su país, se dice que la primera necesidad del ser humano es no morirse, así que si no existen hospitales o centros de salud con unas mínimas condiciones no hay dudas de que los haitianos seguirán llegando por la vía que sea cuando estén enfermos a nuestros centros de salud,

El tema es complejo porque somos un país en vías de desarrollo y nuestros indicadores sanitarios no mejoraran mientras no transparentemos este problema y lo asumamos con la debida responsabilidad, esto debe comenzar con el calculo de lo que le cuesta a la República Dominicana brindar atención medica a un país, que como Haití, es responsabilidad de la comunidad internacional, y por lo tanto, con los datos en la mano, reclamar que se nos reembolse la totalidad o una parte de lo que invertimos de nuestro presupuesto en lo que no puede ser de nuestra exclusiva responsabilidad.

De todo el presupuesto de salud en la República Dominicana, se desagregan alrededor de 20 mil millones de pesos para atención a las personas, de estos podríamos estar gastando entre 6 y 7 mil millones al año en prestación de servicios a extranjeros haitianos, hay que recordar que la mayoría de nuestra población pobre ya esta asumida por el SENASA y por lo tanto pertenece a la seguridad social.

Es decir, gastamos entre el 30 y el 35% de lo asignado para atención a las personas en nuestros hospitales, el llamado presupuesto histórico, para atender mujeres y niños haitianos principalmente, por lo que llevarle el recibo a las Naciones Unidas, la OEA, USAID, el Departamento de Estado, la Comisión Europea y otros organismos interesados en Haití sería la salida inteligente a este tema ya que solos no podemos cargar con el peso de dar servicios de salud de calidad a 22 millones de personas que es el total de población de las dos partes de la isla.

Lo contrario a esto sería negarles los servicios, con lo que las acusaciones en contra de la República Dominicana y hasta la imposición de sanciones de algún tipo la tendríamos pendiendo de nuestras cabezas como una espada a punto de caer, ademas no es posible aislarnos en un mundo tan interconectado y tomar una medida de este tipo sin sufrir consecuencias económicas para nuestros productores del campo y algunos bienes industrializados.

Porque ese el el otro tema, Haití es después de los Estados Unidos nuestro segundo socio comercial, la balanza por nuestra capacidad productiva y desarrollo desigual en relación a ese país esta inclinada en forma muy favorable hacia nuestro lado, son cientos los productos que cruzan la frontera hacia el vecino país y miles las familias de productores nacionales que dependen de la exportación de productos hacia la vecina nación.

Si alguien tiene dudas de lo productiva que es la República Dominicana y del aumento de nuestra capacidad de producción de bienes de todo tipo, solo tiene que pensar que alimentamos a los dominicanos que vivimos en la isla, a los mas de 6 millones de turistas que nos visitan y vendemos productos a los 11 millones de haitianos que están del otro lado de la frontera.

Regularizar ese trafico de mercancías, pensar en la negociación de un tratado de libre comercio con
Haití, plantearnos una política de exportación con reglas claras discutidas entre ambos países, es una solución inteligente a las crisis periódicas que tenemos con el mercado informal fronterizo, nada mejor que transparentar el comercio y que la regla sea ganar-ganar para resolver de una vez y por todas lo que es nuestro mercado mas cercano por razón de lógica geográfica.

El tema de los trabajadores en diversas industrias, especialmente la construcción y la agricultura, es un problema de regularización y del cese la informalidad, que al final solo es una forma de expandir la pobreza y una presión hacia la baja de los salarios que se pagan en la República Dominicana.

Es necesario regularizar a todo el que trabaja en la República Dominicana en todas las industrias, ya esto fortalece nuestro sistema de seguridad social, da al trabajador un sentido de estabilidad, transparenta en pago de los impuestos correspondientes y por lo tanto fortalece las arcas publicas de donde salen los servicios que entrega el gobierno a la población y provee un grado importante de estabilidad a los salarios que se pagan en el país.

No hay forma humana, como lo demuestra la migración de venezolanos, colombianos, europeos y hasta puertorriqueños, que un país en expansión económica como lo es la República Dominicana, se libre de ser un atractivo migratorio, es la historia de la humanidad y no la vamos a cambiar, si crecemos a mas del 6% anual y somos los que mas lo hacemos en la región, hacia acá es que vendrán los migrantes, es un precio que hay que pagar por el crecimiento económico.

Podríamos acudir al tremendismo, las declaraciones altisonantes, el pedir un muro para aislarnos, y gritar que nos están invadiendo, pero es lo mismo que sucede en todos los países que tienen cerca a poblaciones que pasan por dificultades como guerras, hambruna o pobreza extrema.

Sino preguntémosle a los españoles que con un muro en Ceuta y Melilla reciben miles de migrantes subsaharianos cada año, también podríamos hablar con los italianos que están rescatando diariamente a miles de sirios, libios y de otras nacionalidades que se lanzan al Mar Mediterráneo en busca de una vida que se les niega en sus países.

Lo mejor que podríamos hacer con la migración haitiana es tratar el tema con inteligencia y dejarnos de tremendismos baratos y nacionalismos trasnochados que no caben en este mundo globalizado, con la radicalización de nuestras posturas no iremos a ningún lado, Haití es una realidad que, como lo pronosticó Joaquín Balaguer hace muchos años tendremos que lidiar porque el destino puso ese país en el lado oeste de la isla que se llamó una vez La Española.

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