Chispas | LA SOBERANÍA NO SE NEGOCIA - Chispas

En el dia de ayer circuló profusamente una foto tomada en la ciudad de Dajabon, de una persona de nacionalidad dominicana, arropado con la bandera nacional y en un cartón la frase que encabeza estas líneas.
El concepto de soberanía,  está por encima de los poderes públicos y reside exclusivamente en los ciudadanos y ciudadanas, es decir en el pueblo e incluye las decisiones trascendentes que tienen que ver con formas de gobierno y dimensión de territorio.
Los pilares de la soberanía de una nación residen en un espacio vital, que es su tierra, y en los derechos que poseen sus habitantes, que delegan su representación, en el caso de los sistemas de gobierno democráticos.
Es imposible para un estado organizado negociar su soberanía, ya que ningún gobierno está en capacidad de entregar de modo pacífico parte de la tierra que heredó de sus antepasados, ni tampoco los derechos que constituyen el marco jurídico en que se desenvuelve el estado; esto sería equivalente a su disolución.

LA SOBERANÍA RESIDE EN EL PUEBLO

Dice la Constitución Dominicana en su artículo 2: ¨La soberanía reside exclusivamente en el pueblo, de quien emanan todos los poderes, los cuáles ejerce por medio de sus representantes o en forma directa, en los términos que establecen esta Constitución y las leyes¨.
Y en su artículo 3: ¨La soberanía de la Nación dominicana, Estado libre e independiente de todo poder extranjero, es inviolable. Ninguno de los poderes públicos organizados por la presente Constitución puede realizar o permitir la realización de actos que constituyan una intervención directa o indirecta en los asuntos internos o externos de la República Dominicana o una injerencia que atente contra la personalidad e integridad del Estado y de los atributos que se le reconocen y consagran en esta Constitución. El principio de la no intervención constituye una norma invariable de la política internacional dominicana¨.
A la luz de estas palabras, era imposible que nuestro gobierno se sentara con representantes de otro país, en este caso Haití, para negociar nada que implique la violación al estado de derecho que es la norma de convivencia que nos dimos soberanamente los dominicanos.
No solo esto sera inaceptable, sino inconcebible e inimaginable.

EL DERECHO A LA CIUDADANÍA

El ser ciudadano o ciudadana de un estado, es un concepto que se viene usando desde Grecia y Roma, un ser humano posee estos derechos en una sociedad organizada, siempre que  cumpla con ciertos requisitos que están especificados en las leyes.
En Roma por ejemplo, ser ciudadano del imperio equivalía a participar en la elección de las autoridades de la República y el derecho de elegir y ser elegido, lo que constituía en si mismo un privilegio en una sociedad donde los seres humanos podían ser comprados y vendidos como esclavos.
En nuestro caso, ser ciudadano o ciudadana de este país, nos da el privilegio de elegir y ser elegidos para representar al resto de los ciudadanos y ciudadanas en el manejo de los poderes públicos, por medio de la representación que se nos otorga en una elección popular.
Por esto, los requisitos para el ejercicio ciudadano, están limitados por la ley a los que hayan cumplido los 18 años de edad y, que a los no estén restringidos en el uso de esos derechos por haber violado la ley.
No es posible pedir a la República Dominicana,  poner en una mesa de negociaciones el derecho a decidir quien nos gobernará en el futuro próximo, exigiéndole otorgar la ciudadanía a extranjeros que disfrutarán de las mismas prerrogativas que los que nacimos hijos de dominicanos en esta tierra.

JUS SANGUINI Y JUS SOLIS

Estas son las razones que llevaron a los constituyentes desde 1929 hasta nuestros días  a dejar en claro quienes son poseedores legalmente de la ciudadanía dominicana.
Otorgar este derecho, a los nacionales haitianos ilegales que han cruzado nuestra frontera por décadas, equivalía a la liquidación del Estado dominicano, ya que ponía en manos de los haitianos quien nos iba a gobernar y la forma que adoptaría nuestro gobierno.
El Jus Solis, que es el derecho a ser ciudadano por nacimiento en un país determinado, es la excepción, no la regla; y en el caso dominicano es un tema de nuestra supervivencia como nación organizada.
Quiérase o no, somos, junto a Cuba y Puerto Rico, la población de origen hispánico que sobrevivió en el mar de los Caribes a las invasiones de franceses, ingleses y holandeses; por lo que por origen y cultura somos diferentes a los habitantes de las demás islas, incluyendo a Haití.
Tenemos mas en común con nuestros HERMANOS cubanos y puertorriqueños, que con los VECINOS haitianos.
Hago notar que somos hermanos de los de origen hispano y solo vecinos de los haitianos, porque es una realidad que pocos quieren aceptar, pero que sin embargo en la practica es demostrable en la vida diaria.

POR TODO LO ANTERIOR……

No tenía mas remedio la delegación haitiana en el día de ayer que reconocer el derecho soberano de la República Dominicana de decidir quiénes tienen derecho a ser sus ciudadanos.
Quedaron muy mal los traidores a la Patria, que hablaron de genocidio civil y retroactividad de las leyes, cuando sus defendidos ni siquiera mencionaron esos temas en la mesa de negociaciones.
Fueron los extranjeros, (Caricom, Venezuela y las ONG), quienes trataron de cuestionar a nuestros representantes sobre este tema, y fueron callados por las explicaciones contundentes de la delegación dominicana.
El único y gran interés de la haitianos se centró en el tema del cobro de impuestos aduanales por las mercancías que llegan a su territorio desde la República Dominicana.
El compromiso de dar pasaportes a los trabajadores temporeros es un gran paso para la regularización de los extranjeros que residen en nuestro territorio.
Teníamos razón cuando sostuvimos que en las manos de Danilo Medina, nuestro Presidente, nuestra soberanía e integridad territorial estaban mas que asegurada.


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