Chispas | VALIENTES LOS QUE TOMAN UNA CARRETERA - Chispas


Rodrigo Aristides Reynoso Pimentel, ingeniero de 26 años de edad, quien sufrió un accidente automovilístico cerca de La Vega, y que lamentablemente murió por traumatismos craneales, a las 22 horas de producirse el percance.
No lo conocí, ni nunca supe de su existencia hasta la semana pasada.
Sin embargo tuve la dolorosa oportunidad de ver a una madre, destrozada por la pena, llorar a su hijo recién graduado, y a una familia, entre los que se encontraba su tío y mi amigo, Hector Rodríguez Pimentel, acompañar el cadáver en una funeraria de esta ciudad.
Es seguro que Rodrigo pasará a las páginas de las estadísticas nacionales, dentro de las muertes por accidente, las mas altas de toda América Latina, y une epidemia, que en nuestro caso, mata mas jóvenes que todas las enfermedades infecto-contagiosas juntas.
Es doloroso para un médico, cual es mi caso, analizar los problemas de un sistema con el prisma de la muerte de un ser humano, fuimos entrenados para salvar vidas no para la muerte, pero creo que a través del caso de Rodrigo podremos visualizar un tema complejo de entender y difícil de solucionar.

LA DIFERENCIA ENTRE LA CIVILIZACIÓN Y LA BARBARIE

Estos son los hechos: un accidente de tránsito, de los miles que suceden diariamente, en un país donde las calles y carreteras son una selva, Rodrigo es llevado a la emergencia del Hospital Juan Bosch, con múltiples traumatismos, especialmente un grave traumatismo en la cabeza.
En un país civilizado: después de una estabilización mínima, este paciente es llevado a el área de diagnóstico por imágenes, donde con una resonancia o tomografía de urgencia se determina el grado de lesión cerebral y, lo mas importante, si existe algún sangrado activo.

En la Rep. Dom: se comienza a buscar la forma de ponerlo en un ventilador y se establece esto como prioridad. Sin diagnostico previo, sin medio diagnóstico por imágenes y sin la intención de operar de urgencia por un neurocirujano. Se pierde un tiempo precioso en un tema administrativo.

En un pais civilizado: hecho ya el diagnóstico, casi seguro de sangrado y hematoma se procede a llevar a este paciente al quirófano y se realiza una descompresión del cerebro, que es lo primero que hay que proteger en una situación como esta.

En la Rep. Dom.: al no aparecer un ventilador, en el caso en cuestión, se habla de algunos en uso y otros inservibles, se da la información de que existe uno en una pequeña clínica cercana al hospital, por lo que el paciente es trasladado en una ambulancia sin condiciones para pacientes críticos; ventilado con un ambú, cuyo uso está destinado exclusivamente para emergencias, no para traslado de enfermos.

En un país civilizado: a estas alturas ya ese paciente con la debida descompresión cerebral, debería estar siendo inducido a un coma farmacológico, para protección de su cerebro, puesto en ventilación asistida y revisados los múltiples traumas que padece. Además se instaura una terapia de sustitución de sangre y otros fluidos perdidos.

En la Rep. Dom.: el paciente llega a la clínica privada y es detenido en la puerta porque los familiares, a las dos de la mañana, tienen que depositar 200 mil pesos en efectivo, antes incluso de traspasar esa sagrada puerta, único lugar donde existía el ventilador de marras. 
A la fuerza, y después de entregar todas las tarjetas de crédito aceptan al paciente y le colocan un instrumento que, como un ventilador mecánico,  es inservible si antes no se han realizado los diagnósticos y tratamientos adecuados.

En un país civilizado: después de la revisión adecuada, por un equipo multidisciplinario de traumatología, neurocirujano, anestesiólogo e intensivista; el paciente entra en una fase de evaluación continua y estabilización, donde si es necesario el uso del ventilador mecánico por tres condiciones: sirve para disminuir el edema cerebral (que es la causa principal de muerte), mantiene la oxigenación adecuada porque está en coma inducido y permite la evaluación periódica con resonancia o tomografia para tomar las acciones de lugar.

En la Rep. Dom.: la clínica donde fue llevado no tiene sangre, por lo que a esa hora de la madrugada, los familiares tienen que salir a buscarla en un pueblo afectado por la resaca de las fiestas navideñas, nos imaginamos que no tienen banco de sangre, porque solo tenían que obtener la sangre de uno de los familiares, determinar el tipo, cruzarla, y si eran compatibles transfundir al paciente.

LAMENTABLE FIN DE LA HISTORIA

La falta de criterio para manejar un paciente poli-traumatizado, en lo que se supone  es un hospital de traumatología como el Juan Bosch, provocó que Rodrigo Reynoso Pimentel, llegara 14 horas después a las manos adecuadas de un neurocirujano en la capital.
Y decimos falta de criterio médico, porque cualquier profesional de la salud con un entrenamiento mínimo, conoce de la urgencia en descomprimir el cerebro en casos como este, y que esa será la causa de muerte temprana en estos pacientes.
En un país civilizado, es posible, aunque no seguro que Rodrigo estuviera con sus familiares y luchando por su vida en una unidad de cuidados intensivos, con médicos entrenados y conscientes de su responsabilidad para con un paciente de este tipo.
En la selva en que vivimos, este joven fue intervenido por las manos adecuadas en un momento en que ya era casi imposible salvarle la vida, sus oportunidades las perdió en los trámites de ventilador, traslado, sangre, traslado de nuevo y burocracia de un sistema sanitario que no funciona.

RODRIGO ARÍSTIDES REYNOSO PIMENTEL

Solo quedará en el recuerdo de sus familiares y la esperanza de quien pudo haber sido un excelente profesional y mejor ser humano. 
En nuestro caso, nos llenó de indignación y dolor escuchar esta historia y ver una caja de madera donde yacía el cuerpo mortal de este joven, en quien vimos a los cuerpos de cientos de jóvenes y adultos que pasan por historias similares en nuestro sistema hospitalario.
Después de todo, cuando ocurre un accidente, a nadie le preguntan el lugar donde lo van a llevar de emergencia y las manos que lo van a atender, ojalá que si nos ocurre sea en la Capital o Santiago, en el resto del país su vida corre constante peligro.
Valientes los que toman una carretera en la República Dominicana.

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