PABLO ESCOBAR CONTRA RODRIGO LARA BONILLA (COLOMBIA)

AgenciaUN_0622_2_12Para los que crean que están descubriendo un método nuevo implementado por el crimen organizado y sus aliados narcotraficantes, periodistas y políticos; sería bueno recordar el trágico relato de lo ocurrido en Colombia en la década de los 80, cuyos protagonistas fueron Pablo Escobar Gaviria, jefe del cartel de Medellín, y el Senador y Ministro de Justicia de ese país, Rodrigo Lara Bonilla.

En esos años, Escobar, también conocido como ¨el patrón del mal¨, era uno de los hombres mas ricos y poderosos de su país, tanto que incursionó en la política y fue electo suplente de congresista en el parlamento colombiano.

Lara Bonilla por su parte, era militante y Senador del Nuevo Liberalismo, partido político cuyo líder Luis Carlos Galán, era el favorito para ganar las elecciones para suceder a Belisario Betancourt como Presidente de Colombia.

Hay que hacer notar, que este partido asumió una línea frontal de combate y denuncia de los ¨dineros calientes¨ procedentes del narco-trafico en la política y la necesidad de que se aprobara una ley que permitiera la extradición de colombianos hacia Estados Unidos.

El Presidente Betancourt nombró a Lara Bonilla, de manera sorpresiva porque no era miembro del partido de gobierno, como Ministro de Justicia y este, en ejercicio de sus funciones, investigó las relaciones de algunos miembros del congreso con el cartel de Medellín y la forma en que se pagaron las campañas de varios legisladores.

Lara Bonilla llegó a la conclusión de que debía intervenir en uno de los debates del parlamento, para pedir explicaciones de la presencia de Pablo Escobar como suplente a legislador, ya que su fortuna estaba comprobada provenía del trafico de drogas.

Cuando se presentó al debate, el narco-trafico, aliado a sectores de la prensa, a políticos en ejercicio y a medios de comunicación, montaron una trampa contra Lara Bonilla.
El congresista Jairo Ortega y lo acusó, en su presencia, de haber recibido un cheque por un millón de pesos de parte del reconocido narco-traficante Evaristo Porras para el financiamiento de su campaña como Senador.

Lo cierto era que Porras, uno de los mas antiguos narcos de Colombia, había infiltrado la campaña a Senador de Rodrigo Lara Bonilla, con el objetivo de tener pruebas de entrega de dinero y así desacreditarlo posteriormente por la fuerte confrontación que mantenía contra el cartel de Medellin.

Ortega era el instrumento de otro congresista, Alberto Santofimio (cumple condena por la muerte de Luis Carlos Galán) para provocar un escándalo alrededor de la figura del Ministro de Justicia, y hacer que el Presidente Betancourt, lo removiera del cargo y quedara invalidado su nombre y su prestigio por las acusaciones en su contra.

La respuesta de Lara Bonilla en el Congreso fue airada, nunca negó que pudo haber ingresado ese dinero a su campaña, pero ripostó fuertemente que lo que se intentaba era invalidarlo, porque el, era ¨un Ministro muy peligroso para los que están al margen de la ley¨.

Y dirigiéndose directamente a Ortega le preguntó públicamente si podía explicar como era que su suplente, Pablo Escobar, era dueño de 12 aviones, dos helicópteros y tres hangares para naves aéreas y si podía explicar claramente el origen de su fortuna.

Al día siguiente Lara Bonilla convocó una rueda de prensa y mostró los prontuarios policiales de Pablo Escobar y Carlos Ledher, anunció que abría una investigación sobre los vínculos de Jairo Ortega con el narco-traficante Evaristo Porras, en base a sus propias afirmaciones en el debate del Congreso, y provocó la renuncia de Escobar al cargo para el cual había sido electo.

A esta rueda de prensa le siguió una guerra sin cuartel a los carteles de la droga, con persecuciones, decomiso y destrucción de laboratorios en la selva, incautación de aviones, helicópteros, fincas y una enorme cantidad de bienes de origen dudoso.

Esto convirtió a Rodrigo Lara Bonilla en el blanco de la furia de los miembros del crimen organizado y solo ocho meses después de su designación, fue asesinado en una calle de Bogotá por sicarios enviados por Pablo Escobar y el cartel de Medellín.

Hacemos este relato, para los que creen que en la República Dominicana se le debe dar valor a las afirmaciones de un capo apresado, extraditado y convicto por el trafico de drogas, cuya sola mención es una afrenta para esta sociedad.

No estamos descubriendo nada que no haya pasado en otros lugares aunque son las mismas circunstancias e intenciones, el narco-trafico internacional acusa y embarra a quienes lo combaten, después de todo, estamos en un mundo donde todo se compra y se vende y a ellos les sobra el dinero.

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